2010/07/23

Cartas de amor en ordenador


Otro relato escrito por Patxi Irurzun 
tuve el honor de ilustrar.
Gracias, Patxi, por permitirme publicarlos.
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Hola, Samanta (me imagino que ese será tu nombre real, aunque en la sección de contactos liberales tu dirección aparezca como XXXamanta@hotmail.com): resulta que me paso el día machacándomela en las páginas guarras de internet… Bueno, el día entero no, tampoco uno es millonario, ni tampoco creo que, de momento, esté tan desesperado como para ser incluido en la categoría de ciberadicto al sexo –¿cómo puede competir el sexo virtual con el auténtico?–. El caso es que he encontrado navegando por una de esas páginas guarras tu dirección y como últimamente me encuentro un poco solo, pues me he dicho, voy a escribirle a ver que pasa.


Nunca he hecho nada parecido, y para ser sincero, me encuentro un poco incómodo e intrigado. No se qué es exactamente lo que buscas tú. Cuéntamelo. Yo me conformo con poco, con que me pongas un poco cachondo contándome algo a través de tus email, por ejemplo. Quiero, en difinitiva –igual suena cursi– que alguien me quiera. Contesta.

Mira, tío: antes que nada quiero decirte que no pensaba ni contestarte, por no perder el tiempo. Sólo contesto a quienes me mandan foto, y a poder ser con su cosita al aire, ya me entiendes, que luego hay muchos chascos y también mucha gente rara, o medio loca o reprimida, y a mi me da, perdona, que tu estás entre estos últimos. Pero por un día voy a ser una chica buena y no una mala pécora, que es lo más suave que me dicen mis vecinos. Yo no se que habrás imaginado que son esto de los contactos liberales, pero desde luego no se trata de el teléfono de la esperanza, ni de una agencia matrimonial, ni siquiera, por lo menos en mi caso, de sex-mail, ya sabes, esa gente que se excita contándose cochinadas por el correo electrónico. Aquí se trata de ir al grano. Encuentros esporádicos, entre gente liberal y sin compromisos. Ya te digo que no pensaba ni haberte contestado, pero igual lo hecho porque me das buen rollo. Ahora ya sabes lo que hay. Tú mismo.

Bueno, Samanta, no te enfades. Y lee el mensaje, por favor, aunque no te haya mandado ninguna foto. No soy ningún reprimido pero me daba no se qué ponerme en plan contorsionista para autorretratarme y más que nada llevarlo luego a revelar, y cómo ya te dije que no era millonario pues tampoco puedo comprarme una cámara digital y fotografiarme yo mismo mi cosita en casita. Tampoco me he medido nunca el pito, aunque creo que es una cosa normal, tirando a grande. Pero igual me equivoco. Creo que lo mejor sería que quedáramos un día, que fuéramos al grano, como dices, y tú misma opinaras.

P.D: En realidad, aunque todo lo que he dicho es verdad, no me encuentro nada a gusto con este tono. Me gustaría haber sido más romántico, pero los tiempos cambian, supongo, y hasta las cartas de amor son ya por ordenador.

Mikel: no soy una mala pécora, como dicen mis vecinos, pero si un poco bruja. Ya sabía yo que tú me transmitías buenas vibraciones y me alegro mucho de que nos hayamos conocido en persona. Aunque tengo que decirte que al principio no estaba muy convencida, y que casi salgo corriendo cuando, ya en la habitación del hotel, me dijiste “¿Quieres que te enseñe el monstruo?”, te soltaste la bragueta y apareció aquel “Demonio de Tasmania” estampado en tus gayumbos. “Vaya, un perturbado”, pensé. Después, para colmo, resultó que tu propio monstruo, no era tan grande como tu pensabas. Aunque luego todo salió a pedir de boca. Y además, nunca me había reído tanto con nadie, incluso cuando estábamos en plena faena ¿te acuerdas? Me gustaría volver a verte. Han pasado ya varios días desde nuestra cita y –joder, pensaba que nunca diría esto– te echo de menos. Creo que me he enamorado de ti. Contesta.

Samanta: lo siento, pero creo que este será el último mensaje que te escriba. He estado repasando todos los anteriores y en el primero de ellos leo que el sexo virtual nunca podrá superar al auténtico. Bueno, es verdad, pero lo cierto es que cuando yo escribí aquello sólo era una suposición, porque, tú tenías razón, yo solo era un reprimido, igual hasta un cursi, con todas mis tonterías, que si estaba solo, que si sólo quería que me quisieran…Ahora es distinto. Hasta he hecho un esfuerzo y me he comprado una cámara digital. Y es verdad, las citas resultan mucho más sencillas cuando acompañas tu foto –también tengo que decirte que llevaba varios meses escribiendo a los contactos de las páginas guarras y tu fuiste la primera en contestar– Sólo, quería, pues, darte las gracias por haberme descubierto este mundillo de los contactos liberales y, nada, que supongo que no me guardarás rencor, porque de eso se trataba, contactos esporádicos entre personas liberadas, sin compromisos, etc… ¿O no?


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