2010/11/24

Cartas al director: Novísimo periodismo


Otro relato escrito por Patxi Irurzun 
que, al igual que otros publicados en este blog,
tuve el honor de ilustrar.
Gracias, Patxi, por permitirme publicarlos.
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Señora directora: la culpa de todo la tuvo Tonino. Cuando yo acabé la carrera de periodismo él había puesto de moda el tipo de reportero apocado, y a pesar de mi evidente y patológica timidez la cadena de televisión que me contrató como becario (puesto que a pesar de todo yo tenía un expediente de la hostia) no dudó en colocarme al frente de un programa que contraprogramara al “Caiga quien caiga”. Así que allá estaba yo, obligado a patearme calles y saraos. Recuerdo que el primer día me moría de miedo, pero resultó sencillo, sólo tuve que sacar el micrófono y comenzaron a aparecer señoras en batas y rulos, caballeros desdentados a los que les hacía falta subtítulos incluso cuando decían “ el poblema es que yo pienso de que…”…

Yo siempre había estado convencido de que todas estas personas eran actores pagados, y lo mismo los famosetes de tercera regional, aquellos que confesaban “el Antonio David me echó seis casquetes” o “Tamara tiene pito”, que en cuanto les retirabas el micrófono, cambiaban la voz y la compostura y se disculpaban diciendo “ya ves a que extremos tiene que llegar una para sobrevivir”. Pues no, aprendí pronto que mientras los micrófonos estaban armados de un extraño dispositivo que atraía a todos los impresentables en kilómetros a la redonda, las cámaras les desarmaban de la poca dignidad que les quedaba. Mi sección pronto se hizo famosa. La gracia estaba en que yo, que no entendía absolutamente una mierda, intentaba aportar un poco de sentido común, y como lo hacía de una manera tan pusilánime los entrevistados menospreciaban mis opiniones y se reafirmaban en la estupidez de las suyas. Si por ejemplo yo les preguntaba sobre el uranio empobrecido ellos decían que lo que tenía que hacer el Uranio ese era trabajar, como todos.

Pronto se interesaron otras cadenas por mi, y acepté un puesto como redactor en un concurso. Por entonces la televisión no se si era el reflejo del espíritu nacional o intentaba inculcar una serie de valores morales, el caso es que lo que se llevaba era la competitividad más guarra, la traición, el mal rollo… Se encerraba a una serie de personas en una casa, un autobús, una isla y al principio todos eran muy colegas y muy guais pero pronto tenían que comenzar a hacerse la vida imposible. El programa para el que me contrataron intentaba trasladar esa experiencia al ámbito del concurso, es decir varias personas formaban un grupo a la conquista de un suculento botín (siempre había dinero de por medio, ese era el valor moral supremo) y conforme se iban acercando a éste debían desafiarse entre ellos, eligiendo a la persona que consideraban más vulnerable. Aquella fue mi etapa profesional más canalla. Tenía que escribir los guiones para las presentaciones de los concursantes, darles un toque de humor, y la peña seguía igualmente dispuesta a todo, con tal de que los vieran a través de la caja tonta o de conseguir un buen pellizco. Por ejemplo, si yo preparaba la frase “Me llamo Filadelfio y soy alcohólico”, el concursante en cuestión no tenía ningún reparo en soltarla y el público se tronchaba de la risa… La sociedad estaba enferma.

Después de aquel concurso yo mismo, ya con un prestigio ganado a pulso dentro de la profesión, solicité un traslado a informativos, que siempre era a lo que había aspirado y si bien durante cierto tiempo tuve que pringar (por ejemplo, ensalzando los triunfos del de la selección española de canicas, como gestas capaces de trastocar el orden mundial) pronto pude comenzar a desarrollar el plan, que junto con otros compañeros, siempre había tenido en mente. Nuestra primera acción fue colar en el chivato de la presentadora del telediario el siguiente texto, que ella, busto parlante, leyó imperturbable: “Ayer el presidente del gobierno y Su Majestad, presidieron el desfile de nuestras Fuerzas Armadas, intregadas en la OTAN y responsables por tanto de los bombardeos causantes de cientos miles de muertes de civiles y unas decenas de cascos azules, aquejados de leucemia, que participaron en los mismos en misiones de ¿paz? Se estudia la implicación de estos dos ciudadanos en un delito de apología del terrorismo”.

Por ejemplo.

Nuestro objetivo es, pues, asesinar el monstruo desde dentro. Hemos comenzado a inundar las agencias de noticias, los teletipos, las redacciones de los periódicos de informaciones absolutamente fabuladas… Rodamos documentales ficticios. Inventamos biografías de influyentes personajes que nunca existieron. Queremos, en suma, terminar con la poca credibilidad que le resta a la profesión, hasta regenerarla por completo y animamos a más colegas a participar en nuestro movimiento.

Sin otro particular, agradeciéndolo a usted la publicación de esta carta, y a Tonino nuestra razón de ser: un novísimo periodista.

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